lunes, 30 de mayo de 2011

Secuencia de Pentecostés




Secuencia de Pentecostés

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo Padre amoroso del pobre,
don en tus dones esplendido; luz que penetra las almas; 
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma 
descanso de nuestro esfuerzo, 
tregua en el duro trabajo, 
brisa en las horas de fuego, 
gozo que enjuga las lágrimas 
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, 
divina luz, y enriquécenos. 
Mira el vacío del hombre 
si tú le faltas por dentro; 
mira el poder del pecado 
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, 
sana el corazón enfermo, 
lava las manchas, 
infunde calor en el hielo, 
doma el espíritu indómito, 
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones 
según la fe de tus siervos. 
Por tu bondad y tu gracia 
dale al esfuerzo su mérito; 
salva al que busca salvarse 
y danos tu gozo eterno.

“Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor. 
Aleluya”

reflexión junio 2011




Una nueva creación, una nueva alianza (cfr Jer 31,31-34).

Otro aspecto fundamental que está presente desde antiguo en la Sagrada  Escritura es que no sólo el Mesías, sino la comunidad entera de los últimos tiempos, recibirán una rica efusión del Espíritu, mediante la cual se  realizará una nueva alianza, escrita en los corazones (cf. Jer 31, 31-34): unos corazones nuevos (Ez 36, 26.27), purificados (Sal 51, 12). Será una nueva creación moral y física, espiritual y material, capaz de penetrar y abarcar a todo el hombre en su plena identidad interior y exterior.
Será el profeta Joel quien va a mostrar abiertamente la participación de todo el pueblo en este don escatológico del espíritu (escatológico se refiere a la “plenitud de los tiempos” a “los últimos días”, a los “días finales”). En [Joel 3, 1-5] vemos anunciada esta promesa que Pedro verá cumplida el día de Pentecostés.

Lectura: Hechos 2, 1-21

Reflexión

El Espíritu Santo siempre se ha manifestado en su pueblo a través de la historia. Descubrir como se ha manifestado en el Antiguo Testamento nos edifica y nos compromete a buscarlo hoy, en el día a día. Él ha movido y guiado al pueblo de Dios y, hoy, también, si abrimos nuestra mente y corazón descubriremos los caminos que nos muestra Dios a través de su Espíritu.
El mundo está poblado de testimonios que nos cuestionan diariamente y, cada día se hace más evidente la necesidad de “anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra”, y ese anuncio es posible siempre y cuando tengamos en nuestras vidas un espacio para que se manifieste el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo se manifiesta en el pueblo, en la comunidad.
Cuando hay fraternidad, solidaridad, justicia, amor entre todos ahí se manifiesta el Espíritu Santo.

Compartamos:

En nuestra familia, ¿cómo se manifiesta el Espíritu Santo?
¿De qué manera podemos hacer, de nuestro curso, una comunidad en la que habite el Espíritu Santo?

Celebración
(Se pide a cada grupo que haga una oración que recoja lo vivido en esta reunión.)

GUIA: Vamos a unirnos en nuestra fe cristiana y celebrar la alegría de estar juntos.
Elevemos nuestra acción de gracias por sentir la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas. Por sentir la acción del Espíritu en la comunidad. A cada oración respondemos:
“Gracias Dios, por enviarnos tu Espíritu Santo”.
Oremos:
GUIA: Nuestra oración comunitaria y personal, Padre de todos, es hoy de bendición, acción de gracias, alabanza y gozo por los signos de la presencia de tu Espíritu en el mundo.
Perdona, Señor, nuestra ineficacia de cristianos cobardes, y danos la fuerza de tu Espíritu para anunciar hoy a Cristo como esperanza de la humanidad y verdad que vence la mentira, como paz y libertad que fundamenta la dignidad humana, como vida que supera la muerte, el desamor y la opresión, como amor y fraternidad que derrotan al odio y la violencia, como única liberación, capaz de crear personas libres que aman.
¡Ven, Espíritu divino! Llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego perenne de tu amor. Amen

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 103)

domingo, 1 de mayo de 2011

Reflexión Mayo 2011

 
“Me ha enviado a evangelizar a los pobres” (Lc, 4), es la fuerza que impulsa la labor misionera de San Eugenio de Mazenod. Es una tarea que asume con toda su vida y que le consume. Se vuelve un enamorado de Jesucristo, un nuevo Pablo. Esta acción evangelizadora está llena de desafíos, siendo uno de los más importantes el encender el fuego del amor en los oyentes del mensaje. Vamos a compartir una de las experiencias misioneras más urgentes para los oblatos: las misiones populares.  
El superior de la misión era el principal responsable del buen funcionamiento de todas las actividades, asegurándose que ellos alcancen sus objetivos. Podíamos considerarlo como un maestro de ceremonias que utilizaba los anuncios como una forma importante de asegurarlos.
En el Ceremonial para las Misiones, Eugenio da una indicación de la sensibilidad del contacto humano que él intenta hacer pasar con los anuncios:
Los avisos deben ser ingeniosos e interesantes. No convendría darlos siempre a modo de reproche. Es incluso oportuno, según los días, darlos con un poco de chispa. Pero mucho hay que cuidarse para no caer en la estupidez o en bromas pesadas: lo que es muy difícil, si el que los da no está muy acostumbrado a bromas de buen gusto y no conoce bien las ventajas. En tal caso, es mucho mejor atenerse al tono serio; pero nunca hay que ser gruñón, incluso cuando hay que hacer algún reproche.
Cérémonial pour les Missions, Missions OMI, vol 78, n.276




Para nosotros, Delegados de Pastoral,
¿Cómo es nuestra forma de presentar el Mensaje? ¿alegre o castigadora?
¿Encendemos algunas chispas o apagamos la reunión?

Durante este mes queremos orar por las vocaciones oblatas


ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
Señor mira con amor a los
Misioneros Oblatos de María Inmaculada,
haz que se acrecienten atrayendo con su fervor
nuevas vocaciones, que sus miembros alcancen
la perfección del amor y trabajen eficazmente
por la salvación de todos los hombres.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén
San Eugenio, ruega por nosotros.
Beatos y mártires Oblatos, rueguen por nosotros.

viernes, 8 de abril de 2011

reflexión abril 2011


LOS DOS HIJOS
Conversión.
Mateo 21, 28-31
Sentido histórico de la parábola
Tiene un sentido histórico muy preciso: la clave la da la advertencia que dirige Cristo a los sacerdotes y ancianos del pueblo: Les aseguro que los publicanos y las mujeres de mala vida llegarán antes que ustedes al reino de los cielos.
Los dos hijos representan dos tipos de personas: los fariseos, escribas y príncipes de los sacerdotes por un lado; y los pecadores y publicanos por otro.
Estos, después de resistir a Dios, se convierten y se someten a El. Los otros, diciéndose justos, no cumplen la voluntad divina. Esta es la razon de por qué los “pecadores” precederán a los “justos” en el reino de los cielos.
Junto al sentido propiamente histórico, la parábola desborda otro sentido más universal e intemporal. Y es el sentido que nace, al margen del contexto, de la actitud en sí y por sí, asumida por los dos hijos que protagonizan el relato de Jesús.
Los dos hijos tipifican, en efecto, una actitud alternada de conversión y desconversión que es variante eterna del hombre.
La mayoría de quienes se entregan a Dios no suelen hacerlo de modo definitivo y perdurable. Con frecuencia la vida es un tejido de conversiones y desconversiones.
Evidentemente nuestro egoismo y debilidad nos obligan a asumir la conversión como una tarea de toda la vida. Una tarea, humilde y valiente a la vez, en pos de Aquel que “no fue sí y no, sino solamente sí” (2 Corintios 1,19)
Dentro de casa uno de nosotros hay un signo de contradicción: dentro de nosotros pelean Cristo y el Anticristo. Es decir, las exigencias del evangelio que entran en conflicto con nuestros instintos. Con nuestros reflejos animales, con nuestras instancias biológicas. Hay una lucha entre el amor y el desamor, entre la verdad y la mentira, entre la justicia y la ambición.
Nadie puede elegir a Cristo sin que Cristo se le convierta automaticamente en signo de contradicción. Acordémonos: “No he venido a traer paz, sino espada”. Y siempre que le damos a Cristo un lugar en nuestra vida, está El luchando con nosotros contra el Anticristo que hay en cada uno de nosotros.